Día mundial de la salud

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Hoy es el ‘Día Mundial de la Salud’ y quería aprovecharlo para hablar sobre el sinónimo yoga y salud.

Algo más de 20 años de práctica dan para mucho y por supuesto no todos los momentos han sido iguales. Recuerdo con ternura, ya hace unos cuantos años, coger mis manuales de yoga y dedicar tiempo a buscar cómo tratar muchas de las dolencias que me ocurrían: dolores de estómago y musculares, migrañas, etc, como aquella abuela que busca en sus libretas de plantas medicinales como curar cualquier enfermedad. Creía en ello, renegaba de medicamentos y aplicaba sus recomendaciones a rajatabla, aunque la gran mayoría de veces no era muy eficaz… Los años pasaron, la experiéncia creció y, por suerte, también los conocimientos.

Déjame ahondar un poquito en la historia. Las raíces del Hatha Yoga (sí, los yogas modernos como el Asthtanga, Vinyasa, Kundalini, Bikram, etc, forman parte de él) poco tienen que ver con lo que conocemos ahora, antiguamente era considerado una especie de alquimia en la cual se buscaba transformar el cuerpo de tal manera que este fuera inmortal, se buscaba la realización espiritual a partir de él, nada más. Si lees los textos medievales de Hatha Yoga pronto te das cuenta que las técnicas que utilizaban eran poco recomendables para tener una buena salud, incluso diríamos que todo lo contrario. Fue unos siglos más tarde cuando se decidió hacer del término yoga un sinónimo de salud, principalmente para sacar provecho de tal significado.

Por lo tanto, ¿yoga es símil de salud? Pues en cierta manera sí, pero de una manera muy diferente a la que nos quieren vender. Ni existen los chakras, ni los nadis, ni la kundalini, ni el prana como energía vital que circula, ni nada del estilo, eso forma parte de la cosmovisión del Tantra (el otro gran distorsionado), que creó un cuerpo imaginario (que no sutil) en el que introdujo todos estos elementos. Pero sí existe una mejora de la movilidad y del tono muscular, si existe la respiración, la concentración y la relajación, estos últimos los más importantes, y también su influencia sobre el sistema nervioso autónomo parasimpático, con sus correspondientes hormonas y neurotransmisores liberados que no solo ayudan al mejor funcionamiento de cuerpo y por lo tanto de mente (siendo la mente un constructo del cerebro), si no que también ayudan a que nuestro sistema inmune esté más fuerte. Nada más, aunque no es poco.

Por último y no menos importante, me gustaría agradecer en un día como hoy la labor del personal sanitario, pero no solo ahora por encontrarse ‘al pie del cañón’, si no por ser una parte esencial de esta cadena que hemos creado llamada sociedad, incluso cuando las condiciones no han sido las idóneas.

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